• Qué hacer con el rompetechos de la empresa

    Qué hacer con el rompetechos de la empresa

    “Miraba las bases de datos que anoche albergaban la información de diez millones de clientes y me resultaba inconcebible que aquella catástrofe fuera obra de una sola persona.”

    Podría ser el inicio de un thriller, pero es una situación que se repite a diario a lo largo y ancho del planeta. Hay días tontos y tontos todos los días, que dicen. Esas personas que se encuentran en puestos que no dominan, que se desvelan paulatinamente como poco talentosas o, simple y llanamente, Rompetechos profesionales.

    Y al contrario que el personaje de Francisco Ibáñez, suelen ser individuos egoístas que jamás se plantean si, quizá, se equivocan en su actitud o desempeño profesional. Lo que es peor: están convencidos de ser tan aptos para su trabajo que se empeñan en destacar una y otra vez, con resultados desastrosos para su empresa o negocio. Da igual si son técnicos de sistemas, diseñadores, desarrolladores o administradores, siempre se las apañan fascinantemente para apañar un nuevo cacao laboral.

    Jaleos que luego suelen limpiar compañeros, subordinados o supervisores con el consiguiente desgaste profesional y emocional que, inevitablemente, se traduce en retrasos, gastos y tiempo yéndose por el sumidero.

    Aunque ahora puedas tener bastante claro qué hacer al toparte con alguien así, lo cierto es que a veces resulta complicado por razones tan diversas como el nepotismo o que sea el gerente que firma las nóminas. Sin embargo, mientras el tiempo (o la junta de accionistas, o la paciencia del jefe de turno) pone las cosas en su lugar, hay algunas cosas que podemos hacer para tratar con estas bombas de relojería profesionales.

    Por contradictorio que parezca, estos zotes jamás deben quedarse de brazos cruzados. Es preferible contar con una tarea que saldrá rana que no con una nueva interferencia no planificada. No lo olvidemos: son creativos y peligrosos. Aunque, para evitar ponernos las cosas cuesta arriba, sus encargos deberían ser realizables hasta para ellos. Un repaso a sus habilidades profesionales suele ser suficiente para encontrar objetivos fácilmente asequibles o, incluso para reubicarlos en una posición más útil (y, por qué no, menos dañina para el negocio).

    Esto implica la existencia de un supervisor controlando constantemente el desempeño del sujeto. Alguien con una paciencia sobrehumana que sea capaz de comunicarse con el individuo problemático clara, concisa y sinceramente. Si eso implica un repaso e insistencia acerca del cumplimiento de la normativa y protocolos de la organización, tanto mejor.

    Hablamos de un tipo de personalidad que resulta problemático por limitación intelectual, no por mala intención. Eso puede propiciar la relación condescendiente que tenemos con un cachorro recién adoptado. Craso error. Si miramos hacia otro lado, o entramos en una dinámica de un trato diferente, para el resto de la plantilla puede desdibujarse la línea entre el caso especial y complicado y el favoritismo. Es decir, que cortesías las justas, o la irresponsabilidad se convertirán en nuestras arenas movedizas para con el resto del grupo.

    Y si nada de esto funciona, entonces será un momento estupendo para revisar qué diantres hace una persona como ésa en una empresa como la nuestra. Decía aquél que más daño hace un imbécil que un malvado, y el mundo nos pone delante unos cuantos como para, encima, trabajar con ellos.

    Leave a comment

    Required fields are marked *